La tercera temporada de La Reina del Flow está a la vuelta de la esquina, y con su presentación oficial el debate ha surgido en la redacción. Una asombrosa mayoría está de acuerdo: Charly es el favorito de las fans de esta serie que ya se coloca entre las más reconocidas a nivel internacional de la gran N.

Y es que, aunque sepamos, no siempre son la mejor opción, los “malotes” siguen gustando y atrayendo a muchas mujeres. Pero, ¿por qué? ¿Cómo es posible que tantas mujeres sean claramente team Charly? ¿Por qué lo preferimos al bueno de Juancho? Hay algo en el perfil del chico malo, en el villano redimido, que nos vuelve locas a la mayoría de nosotras, y queremos averiguar por qué.

La Reina del Flow
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Para ello contamos con la ayuda de Lara Ferreiro, psicóloga y autora del libro Ni un capullo más (Grijalbo), con el que nos presenta el método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta. ¿Son los “Charlys” de nuestra vida buenas parejas? ¿Por qué nos atraen? ¿Y podemos dejar de sentirnos atraídas por estos chicos malos? La experta nos lo revela en esta interesante entrevista.

El misterio de los chicos malos

Pregunta: ¿Por qué a tantas mujeres nos atraen los “malotes” como Charly?

Respuesta: Los “chicos malos” como Charly tienen ese toque de riesgo que dispara la adrenalina. Y la adrenalina se siente casi igual que la excitación. El cerebro no siempre distingue entre miedo y deseo. Así que, cuando un hombre proyecta peligro, misterio o rebeldía, nuestro cerebro puede traducirlo como “atracción”. Es biología y un cóctel hormonal en estado puro, lo que, en especial a las mujeres, nos emborracha con oxitocina, la hormona del amor.

Además, los “malotes” tienen una seguridad arrolladora, y eso es más afrodisíaco que cualquier perfume de lujo. No piden permiso, actúan. No dudan, avanzan. Y muchas mujeres asocian esa determinación con liderazgo y poder. Si a eso le sumamos que suelen tener un gran carisma… ¡Boom! Ya tienes la fórmula de la adicción total.

Y para rematar entra en juego la excitación de lo prohibido: Lo convencional aburre, lo prohibido excita. Y un hombre que representa lo que “no deberías querer” puede volverse, precisamente por eso, aún más deseable. Es un poco el efecto Romeo y Julieta, pero versión reggaetón y con traumas de infancia de por medio.

¿Por qué nos enganchamos a relaciones donde hay tanto drama o sufrimiento emocional?

Confundimos intensidad sexual con amor verdadero más veces de las que nos gustaría admitir. Y el problema es que, muchas veces, nos quedamos atrapadas en relaciones donde hay drama, sufrimiento y una montaña rusa emocional que nos vuelve adictas sin darnos cuenta. ¿Pero por qué? ¿Qué pasa en nuestro cerebro para que algo tan tóxico nos parezca tan irresistible? Esto no es solo psicológico, es también neuroquímico. Cuando estamos en una relación intensa y caótica, nuestro cerebro libera una combinación explosiva de dopamina, cortisol y oxitocina.

Dopamina: Es el neurotransmisor del placer y la recompensa. Cuando una relación es inestable (peleas, reconciliaciones, celos, incertidumbre), el cerebro se mantiene en alerta, esperando el siguiente “premio” (una disculpa, un mensaje, un momento de pasión). Resultado: Nos enganchamos al refuerzo intermitente. Es el mismo principio que usan las máquinas tragaperras del bar.

Cortisol: El estrés de la relación tóxica mantiene nuestro cuerpo en estado de alerta. Y aunque suene absurdo, nos acostumbramos a este nivel de activación, volviéndolo nuestra “normalidad”.

Oxitocina: Es la hormona del apego. Cada vez que hay un gesto de cariño después de un conflicto, el cerebro lo interpreta como una “recompensa”, fortaleciendo el vínculo… incluso cuando ese vínculo es dañino.

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Puedo cambiarlo

Otro fenómeno del que se habla mucho eso del “puedo cambiarlo”. ¿Qué mecanismos psicológicos se esconde detrás de esta idea?

¡Ay, el famoso “yo lo cambiaré”! Si nos dieran un euro por cada vez que una mujer ha pensado eso de un hombre, podríamos ser millonarias. Pero, ¿qué mecanismos psicológicos hay detrás de esta trampa mental? ¿Por qué tantas mujeres creen que pueden convertir a un “chico malo”, un inmaduro o un narcisista en el novio perfecto?

Porque nos han enseñado que las mujeres debemos ser cuidadoras y redentoras emocionales. Desde pequeñas, el cine y los cuentos nos muestran historias donde la heroína “cura” al hombre roto con su amor, como en La Bella y la Bestia o incluso en Cincuenta Sombras de Grey.

¿El problema? En la vida real, la mayoría de las veces, el hombre no cambia (salvo que él lo decida y con esfuerzo), y la mujer acaba agotada emocionalmente.

Y aquí entran en juego otras trampas. Nos decimos “ya he invertido demasiado como para rendirme”, haciendo que entre en juego un fenómeno psicológico brutal: cuánto más tiempo, energía y amor invertimos en alguien, más difícil nos resulta aceptarlo tal y como es y dejarlo ir.

También caemos en la trama de la baja autoestima, creyendo que “si él cambia por mí, significa que valgo la pena”. Es como si su cambio validara nuestro valor. Pero esto es peligroso, porque tu valor no debería depender de la conducta de otra persona.

El miedo a la soledad también hace mella. Muchas mujeres se aferran a la idea de cambiar a un hombre porque tienen miedo a estar solas. Prefieren “trabajar” en la relación que enfrentarse a una ruptura y empezar de nuevo. Pero aquí va una dura verdad: No es tu trabajo educar, curar o moldear a un hombre emocionalmente inmaduro.

Charly cumple además la idea del “villano arrepentido”. ¿Qué nos atrae tanto de esta imagen que vemos tanto en la ficción?

El arquetipo del "villano arrepentido" nos fascina porque toca fibras muy profundas de la psique humana. Es un personaje que hemos visto una y otra vez en la ficción: hombres que fueron crueles, egoístas, destructivos o directamente peligrosos, pero que, por alguna razón, encuentran el camino de la redención.

Uno de los aspectos más poderosos de un personaje como Charly es su capacidad de transformación. En el fondo, todos queremos creer que nadie es completamente malo ni está condenado a ser una mala persona para siempre. Nos reconforta la idea de que, con el tiempo, la madurez o el amor, alguien que ha sido egoísta, cruel o despiadado pueda cambiar.

Este deseo de redención no solo es algo que nos gusta ver en los demás, sino que también lo proyectamos sobre nosotros mismos. Todos hemos cometido errores, todos hemos tomado malas decisiones, todos hemos herido a alguien en algún momento. Si Charly puede cambiar, tal vez nosotros también podemos hacerlo.

La ficción nos permite vivir esa catarsis: el placer de ver cómo alguien se enfrenta a sus propios demonios, lucha contra ellos y finalmente encuentra la redención. En la vida real, el cambio es más complejo y no siempre ocurre, pero en las historias, podemos aferrarnos a la esperanza de que sí es posible

Sin embargo, en la vida real, hay una gran diferencia entre un hombre que realmente está cambiando porque ha hecho un trabajo interno profundo, y alguien que solo dice haber cambiado para seguir recibiendo atención y segundas oportunidades.

Si en la ficción disfrutamos viendo a Charly redimirse, en la vida real deberíamos preguntarnos: ¿Vale la pena esperar a que alguien cambie, o es mejor elegir a alguien que ya esté listo para darnos lo que queremos desde el principio?

Mujeres inteligentes y talentosas

¿Es común que mujeres inteligentes, exitosas o emocionalmente fuertes se vean envueltas en relaciones dañinas? ¿Qué las atrapa ahí?

Las historias de mujeres exitosas como Shakira, Aitana y Tamara Falcó demuestran que nadie está exento de verse atrapado en relaciones que no le hacen bien. Muchas veces se asume que el éxito, la inteligencia y la independencia emocional son barreras protectoras contra las relaciones tóxicas, pero la realidad es más compleja. El amor toca dimensiones mucho más profundas que la racionalidad: emociones, creencias, heridas del pasado y patrones aprendidos.

El problema no es la falta de inteligencia, sino ciertos mecanismos psicológicos que hacen que muchas mujeres, incluso las más poderosas, justifiquen comportamientos dañinos, se enganchen a dinámicas insanas o se aferren a la idea de que su historia será la excepción, como el síndrome de la salvadora, la dificultad para aceptar un “fracaso” o la atracción por la intensidad y la confusión entre drama y pasión. Y si le sumamos la presión social o mediática, apaga y vámonos. No se trata de racionalidad, sino de emociones, y el amor puede hacernos vulnerables a todos

Para acabar, un mensaje de esperanza. ¿Podemos dejar de engancharnos de los chicos malos?

¡Por supuesto que sí! No solo podemos dejar de engancharnos a los “chicos malos”, sino que podemos reeducar nuestra forma de amar para que el amor nos haga bien en lugar de hacernos sufrir.

El primer paso es entender que la atracción por lo peligroso no es amor real, sino una ilusión creada por patrones emocionales y creencias equivocadas. Si alguna vez te has sentido atrapada en un ciclo de relaciones intensas pero dolorosas, no significa que estés condenada a repetirlo. Lo que significa es que ahora tienes la oportunidad de romper con esos viejos esquemas y construir algo mucho más bonito.

El amor de verdad no necesita adrenalina para ser emocionante, ni sufrimiento para ser profundo. El amor sano no es aburrido, es seguro. Es un lugar donde puedes ser tú misma sin miedo, sin dudas, sin sentir que tienes que probar tu valor todo el tiempo.

Porque el amor bonito no duele. El amor bonito llega cuando dejamos de conformarnos con lo que nos hiere y empezamos a elegir lo que realmente nos hace bien.