Llevamos toda la vida escuchando que “nadie va a venir a salvarte”, que “hay que sanar solo”, que “un clavo no saca a otro clavo”. Y es cierto: no deberíamos depender de nadie para curar nuestras heridas emocionales. Aunque, este intento de fomentar la independencia emocional quizá se nos haya ido de las manos, tanto que hemos caído en el extremo contrario: creer que tener pareja después de una ruptura es una especie de muleta emocional, una trampa que solo nos traerá más dolor.
Pero ¿es así? La psicóloga Elena Franco apunta en sus redes que debemos comprender los matices. Porque sí, a veces un clavo saca a otro clavo. Depende del clavo que hayamos elegido.
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Puede que, en algunos casos, el amor sea una forma de cuidado, de protección y una vía de crecimiento. Por lo que puede que ese mantra de la psicología pop que nos repetimos hasta la saciedad, aquello de que para amar primero debes estar bien contigo misma, no sea del todo cierto. ¿Un clavo saca a otro clavo? Vamos a descubrirlo.
¿Un clavo saca a otro clavo?
Todas hemos escuchado en alguna ocasión aquello de que “un clavo saca a otro clavo”, y nos han repetido hasta la saciedad que esto es totalmente mentira. Pero ¿es así? En una sociedad cada vez más individualista, es fácil pensar que tenemos que hacerlo todo solas. Tienes que amarte a ti misma antes de amar a los demás. ¿no? Este mensaje, algo simplista, nos aleja de una cuestión muy importante que la psicóloga Elena Franco apunta en sus redes sociales: “el amor puede ser un factor protector”.
Quizá, entonces, no se trate de sanar a solas, sino de encontrar la forma más saludable de hacerlo en compañía. Aunque para eso, está claro, no sirve cualquier clavo.
Tras una ruptura, muchas personas sienten que deben pasar por una especie de purga emocional en soledad, un camino de autoconocimiento que, hasta que no está completo, nos inhabilita para amar de nuevo. El problema es que no todos los procesos son lineales. De hecho, no todo el mundo necesita lo mismo ni en el mismo tiempo. Y, sobre todo, no todas las personas nuevas que llegan a nuestra vida están destinadas a repetir el patrón anterior.
Entonces, ¿un clavo saca a otro clavo? La respuesta, según Elena Franco, es "depende".
El amor también puede protegernos
La psicología nos ha enseñado que el ser humano es una criatura profundamente social. Las relaciones forman parte natural de nuestra vida y tienen un impacto director en nuestro bienestar físico y emocional, como prueba el ambicioso Estudio del Desarrollo Adulto de la Universidad de Harvard. Nuestros vínculos son el mayor predictor de felicidad en el mundo moderno.
En esta línea, explica Franco en sus redes sociales, “el amor es un factor protector”. No se trata de sanar solos, como dice ahora todo el mundo, explica la psicóloga. El amor puede amortiguar el dolor, acompañar en el proceso de sanación y, en algunos casos, nos ayuda a reconstruirnos.
Y cuando hablamos de amor, por supuesto, nos referimos a todos los tipos de amores posibles: amistades, familia y sí, nuevas parejas que aparecen en el camino mientras superamos una ruptura.
De hecho, muchos estudios sobre apego y regulación emocional prueban que una relación segura puede reducir los niveles de estrés, repercutir de forma positiva en la autoestima y fomentar los hábitos saludables. No es una fantasía romántica: los vínculos que compartimos pueden tener un efecto reparador, siempre y cuando se construyan sobre el respeto mutuo y la autenticidad.
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¿Y si ese nuevo clavo es diferente?
El peligro de creer que cualquier clavo saca a otro clavo es que acabemos repitiendo patrones de relaciones anteriores. No se trata de encontrar otra relación rápido y corriendo, sino de haber reconocido previamente los patrones que nos hicieron dalo en el pasado. Buscar a alguien que sustituya a quien se fue, que nos distraiga del vacío, que nos haga sentir deseables, otra vez, sin revisar que falló antes sí, es un problema.
Por eso, explica la psicóloga, la clave es elegir con cabeza. “Si ese clavo cumple con tus necesidades, tus límites y tus valores, y somos conscientes de cuando actuamos según experiencias o heridas pasadas, ¿cuál es el problema?”, reflexiona Franco desde su cuenta de Instagram.
Descubrir que hay formas distintas de amar, en este caso, podría ser incluso beneficioso. No se trata de que el nuevo “clavo” tape la herida, sino de acompañarnos mientras cicatriza, de entender que no todos los vínculos duelen y que podemos volver a confiar.
Cómo saber si eliges desde la herida o desde la conciencia
Este es, quizá, el punto más importante de todos. No se trata de defender que siempre necesitamos a alguien para sanar, sino de comprender que no todos los procesos se dan en soledad. Lo esencial es la intención con la que empezamos esa nueva relación.
Para asegurarte de no estás eligiendo desde la herida o la experiencia pasada, pregúntate:
- ¿Comparto un vínculo real con esta persona o solo quiero compañía?
- ¿Quiero realmente conocer a esta persona o solo quiero dejar de pensar en la anterior?
- ¿Puedo ser yo misma con esta persona o estoy actuando para no estar sola?
- ¿Me siento más tranquila o más ansiosa desde que estoy con esta persona?
- ¿Esta persona comparte mis valores y expectativas en el amor?
Responder con honestidad te ayudará a darte cuenta de si estás empezando este nuevo capítulo de tu vida desde la madurez emocional o por miedo a terminar en anterior. Si tus respuestas dan luz verde a la nueva relación, entonces disfruta, no tienes que castigarte por sentirte bien con alguien nuevo. Porque sanar también implica dejarse cuidar, dejarse querer y volver a creer que te mereces un amor sano.