La piel grasa es una de las más comunes, pero también una de las más incomprendidas. Muchas personas la asocian automáticamente con el acné, pero la realidad es que existen distintos tipos, cada una con sus propias características y necesidades específicas. Desde una piel que simplemente produce más sebo hasta aquella que enfrenta brotes de acné moderado o severo, cada caso requiere una rutina de cuidado personalizada.
Afortunadamente, la dermocosmética ha avanzado enormemente y hoy en día podemos encontrar productos diseñados para controlar la producción de grasa, minimizar imperfecciones y mantener la piel equilibrada. En este artículo, analizaremos los diferentes tipos de piel grasa y explicaremos cómo identificar cada uno, estableciendo una rutina efectiva para cada caso. ¡Tu objetivo de una piel perfecta es posible!
Dra. María Garayar
Tipos de piel grasa y sus características
La piel grasa se caracteriza por una producción excesiva de sebo, lo que puede provocar brillos, poros dilatados y, en algunos casos, acné. Sin embargo, no todas las pieles grasas son iguales, y es fundamental reconocer sus diferencias. “En torno al 80% de la población tiene la piel grasa. Lo que ocurre es que además del tipo de piel a los dermatólogos nos gusta hablar de estados de la piel. Uno puede tener la piel grasa y además tenerla deshidratada lo que le hace percibirla erróneamente como seca y otro paciente puede tener la piel grasa e inflamada, pero al no verse granitos clasificarla erróneamente como piel “sensible”, explica la Dra. María Garayar, dermatóloga especializada en cirugía dermatológica, tricología y dermatología estética.
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En el caso del acné, se debe a una combinación de factores clave, tal y como nos continúa comentando la especialista: “Por un lado, la hipersecreción sebácea provoca una producción excesiva de grasa en la piel, generalmente como respuesta a desequilibrios hormonales. Por otro, la hiperqueratosis conlleva una acumulación y maduración excesiva de queratinocitos en las capas superficiales, lo que engrosa la piel más de lo normal. La combinación de ambos procesos conduce a la obstrucción de los poros, favoreciendo la acumulación de sebo y creando un entorno ideal que da lugar a los brotes de acné”. Veamos los principales tipos y diferencias:
- Piel grasa sin acné: se identifica por la presencia de brillos en la zona T (frente, nariz y mentón), poros visiblemente dilatados y poca tendencia a la sequedad. Aunque no suele presentar brotes de acné con frecuencia, sí es más propensa a la aparición ocasional de imperfecciones.
- Piel grasa con tendencia acneica: además de los brillos y poros dilatados, esta piel experimenta pequeños brotes de acné de manera esporádica, que pueden verse agravados por factores hormonales, dietéticos o ambientales.
- Piel con acné leve a moderado: presenta brotes continuos con granos inflamados y comedones, lo que requiere un tratamiento específico con productos seborreguladores y exfoliantes.
- Piel con acné severo: se caracteriza por brotes de acné persistentes y granos inflamados con riesgo de dejar marcas o cicatrices. Este tipo de piel suele requerir tratamientos médicos y el uso de productos cosméticos específicos para complementar la rutina.
Rutina de cuidado según cada tipo de piel grasa
Cada tipo de piel grasa necesita una rutina adaptada a sus necesidades para mantener el equilibrio y reducir las imperfecciones. “Como hemos visto, clasificar a los pacientes en tipos de piel es una manera de simplificar mucho las cosas ya que habrá que tener en cuenta el estado de la piel en ese momento, pero hay cuidados básicos de los que toda piel grasa va a beneficiarse”, afirma la Dra. María Garayar. Estos son los pasos clave:
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Piel grasa sin acné
- Limpieza: Utilizar un limpiador suave con acción purificante para eliminar el exceso de sebo sin deshidratar la piel.
- Exfoliación: Incluir una exfoliación con ácido salicílico o glicólico dos o tres veces por semana para evitar la acumulación de células muertas.
- Hidratación: Optar por fórmulas ligeras, no comedogénicas, con ingredientes como la niacinamida o el ácido hialurónico.
- Protección solar: Fundamental para evitar la oxidación del sebo y prevenir el envejecimiento prematuro.
Piel grasa con tendencia acneica
- Limpieza: Un gel limpiador con activos seborreguladores como el ácido salicílico es ideal.
- Tratamiento: Incorporar productos con niacinamida, ácido azelaico o prebióticos que ayuden a calmar la piel y a prevenir la proliferación de bacterias. Por ejemplo, me gusta la crema Acnestil Attiva (+) de Rilastil que gracias a sus prebióticos y posbióticos ayuda a equilibrar la microbiota y prevenir la aparición de brotes en el futuro.
- Hidratación y protección: Es clave mantener la piel equilibrada con una hidratante ligera y protector solar libre de aceites.
Piel con acné leve a moderado
- Limpieza: Doble limpieza con productos suaves que regulen la producción de grasa sin resecar la piel.
- Exfoliación: Activos como los AHA y BHA ayudarán a desobstruir los poros y reducir la inflamación.
- Tratamiento: Productos con acción antibacteriana y antiinflamatoria como Acnestil Attiva (+), que reduce la visibilidad de los granos en pocas horas.
- Protección solar: Fundamental para prevenir la hiperpigmentación postinflamatoria.
Piel con acné severo
- Limpieza: Un limpiador suave sin sulfatos para no irritar la piel sensibilizada por los tratamientos médicos.
- Hidratación: Cremas reparadoras con ingredientes calmantes como la centella asiática o el pantenol.
- Fotoprotección: Protector solar mineral para evitar reacciones adversas y proteger la piel durante los tratamientos.
- Consulta dermatológica: En este tipo de acné, la supervisión médica es fundamental para un tratamiento adecuado.
Acnestil Attiva (+): aliado en el tratamiento del acné
Tanto para aquellas pieles grasas con tendencia acneica como para las que tengan un acné más persistente, Acnestil Attiva (+) de Rilastil puede ser un aliado clave.Gracias a su acción seborreguladora y queratolítica, ayuda a minimizar la producción excesiva de sebo y a renovar la piel, evitando la obstrucción de los poros. Su fórmula avanzada permite reducir la visibilidad de los granos y disminuir su tamaño en tan solo 8 horas, ofreciendo resultados visibles en poco tiempo. Además, su combinación de pre y posbióticos proporciona un efecto calmante y restaurador, favoreciendo el equilibrio de la microbiota cutánea y reduciendo la inflamación sin irritar la piel.
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Con la eficacia garantizada, una de sus grandes ventajas con respecto a otros productos es que no es fotosensibilizante, lo que significa que puede usarse de día sin riesgo de provocar reacciones adversas al sol. Esto lo convierte en una opción segura incluso para pieles sensibles. Su formulación incluye ingredientes clave como niacinamida, ácido salicílico y azeloglicina, reconocidos por su capacidad para controlar el exceso de grasa, exfoliar suavemente y mejorar la textura de la piel. Además, su textura ligera y de rápida absorción permite que se integre fácilmente en cualquier rutina de cuidado facial, incluso antes del fotoprotector, ayudando a mantener la piel libre de imperfecciones sin resecarla ni generar incomodidad.
¿Quieres descubrir más sobre el acné? En este vídeo te explicamos qué causa tiene el acné según la zona de la cara donde aparece.